Ruiseñor

Me pides que te regale un poco de mí.
Cual ruiseñor que no puede consigo mismo
que necesita un alivio y un corazón casi marchito que lo despierte.
Y que tú con tu vuelo has venido al olvido,
rescatando lunares escondidos, que entre bosques y flores se han ido.
Me pides, sin pensarlo dos veces, que te arrulle el anhelo incesante,
con rosas y besos de un picaflor que solo ha venido a parar a tu lado
porque así lo ha querido el destino,
porque así se cuecen entre las piedras del río,
los susurros de tu canto y el vuelo de esta ave
que sin querer queriendo puede enamorarse del viento
y seguir vibrante tu consuelo.
Bien sabemos que vamos, como aves que somos, donde nos lleve el tiempo,
donde se unan los hilos tejidos, el alimento de nuestros gritos
y la melodía agradable de aquellos días nublados,
donde no podemos salir de nuestro nido,
porque acecha la brisa y con ella la distancia
disimula una canción, que tu voz y mi voz acogen.

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