Admito

Admito que es muy fácil. Admito que la noche me atortola. Admito que mientras dormías, yo alucinaba, yo soñaba con las olas y chocaba, como las olas, con tus besos de tormento.

Y mi piel se erizaba con el aire tuyo hasta convertirse en laberinto de mentiras piadosas. Otra gaveta que nunca más se puede abrir, que esconde palabras que nunca se dijeron y profecías de falsos profetas.

Me arropo con las estrellas que vas dejando, que no se sabe si ya están muertas, o si acaban de nacer. Pero sus luces tenues se asemejan a la luz que escondo en mi melancolía, la luz que guardo de las noches frías.

Admito que es muy difícil. Admito que tus ojos me atortolan. Admito que mientras hablabas, yo me contenía, yo amarraba mi lengua con los pájaros y volaba, como el viento, con mis palabras benditas, como las nubes, con mis manos rotas. 

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